A mi en el colegio - en la EGB de la época - me bautizaron jocosamente "el oliva", mote que me puso el capullo del Agustín, un tipo feo como un pecado y tonto del culo que a falta de carisma personal se dedicaba a poner motes a los compañeros como forma de ganarse un rol en la clase, de buscar su difícil ubicación para encajar en el grupo.Nunca supe si me decidió llamar así por la forma abombada y elipsoide de mi gracioso cráneo o quizás por la forma almendrada de mis bonitos ojos. Quizás fuese por mi tez olivácea - morena de inusual gracia, yo que sé, lo cierto es que el mote - afortunadamente - no fue secundado por demasiada gente por lo que quedó bastante desdibujado para mi particular alivio.